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  • Charlie Billingham
Madrid, Spain
Swell
8 sep 2022 - 5 nov 2022
Charlie Billingham. Noon Kissing, Sinking Soon, 2022 (detalle)

Óleo sobre lino
80 x 70 cm

Charlie Billingham. Swell (vista general)

Travesía Cuatro, Madrid, 8 septiembre – 5 noviembre, 2022.

Charlie Billingham. Swell (vista general)

Travesía Cuatro, Madrid, 8 septiembre – 5 noviembre, 2022.

Charlie Billingham. Imparted knowledge misleadingly in the legend, 2020 - 2021

Óleo sobre lino
150 x 180 cm

Charlie Billingham. Swell (vista general)

Travesía Cuatro, Madrid, 8 septiembre – 5 noviembre, 2022.

Charlie Billingham. Hush Puppies, 2022

Óleo sobre lino
180 x 150 cm

Charlie Billingham, Under the Table, 2022.

Óleo sobre lino
190 x 160 cm

Charlie Billingham. Swell (vista general)

Travesía Cuatro, Madrid, 8 septiembre – 5 noviembre, 2022.

Charlie Billingham. Swell (vista general)

Travesía Cuatro, Madrid, 8 septiembre – 5 noviembre, 2022.

Charlie Billingham. Swell (vista general)

Travesía Cuatro, Madrid, 8 septiembre – 5 noviembre, 2022.

Charlie Billingham. Swell (vista general)

Travesía Cuatro, Madrid, 8 septiembre – 5 noviembre, 2022.

Charlie Billingham. Swell (vista general)

Travesía Cuatro, Madrid, 8 septiembre – 5 noviembre, 2022.

Charlie Billingham. Swell (vista de la fachada)

Travesía Cuatro, Madrid, 8 septiembre – 5 noviembre, 2022.

Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos, la era de la sabiduría, la era de la necedad, era la época de la creencia, era la época de la incredulidad, era la estación de la Vida, era la estación de la Oscuridad, era la primavera de la esperanza, era el invierno de la desesperación, teníamos todo por delante, no teníamos nada por delante, todos íbamos directos al Cielo, todos íbamos directos en dirección opuesta –  en resumen, el periodo era tan parecido al momento actual que algunas de sus autoridades más escandalosas insistieron en que fuera recibido, para bien o para mal, únicamente en el grado superlativo de la comparación.

Charles Dickens, Historia de dos ciudades, 1859

 

¿Qué atrae a un joven pintor casi exclusivamente a los grabados satíricos británicos de finales del siglo XVIII y principios del XIX? A Charlie Billingham le fascinan las caricaturas y los esperpentos georgianos y de la época de la Regencia de artistas como George Cruikshank (1792-1878), James Gillray (1756/7-1815), William Hogarth (1697-1764) y Thomas Rowlandson (1756-1827). Toma sus mordaces acusaciones de la locura, la corrupción y la decadencia de la época y las recorta, fragmenta sus narraciones, y las traslada del de la estampa a la pintura; en el proceso, transforma estos estereotipos burlones a nuestra época. 

Como sugiere el célebre comienzo de la novela histórica de Dickens ambientada en Londres y París en la época de la Revolución Francesa y, tal y como captaron estos grabados, este extraordinario periodo fue de gran agitación social y política, con el status quo sometido a un nuevo escrutinio y ridiculización, de una manera en la que, tal y como Dickens observó desde el punto de vista de la era victoriana, sigue teniendo sorprendentes paralelismos con nuestra propia época (también es interesante señalar aquí que Cruikshank ilustró varias de las novelas de Dickens, tras ser sobornado para que no caricaturizara a Jorge IV “en ninguna situación inmoral”).

Las innovaciones en las técnicas de impresión permitieron que estas imágenes florecieran, circularan y proliferaran, sin embargo, Billingham toma las impresiones producidas en masa y las convierte en imágenes únicas, visiblemente pintadas a mano en lugar de fabricadas por la rotativa, la pintura gestual sustituye la línea del grabado original, y una paleta de colores muy entonada y saturada de pintura al óleo reemplaza los matices y estrías de las impresiones históricas. De este modo, al convertir las imágenes masivas en algo muy personal y profundamente humano, Billingham me recuerda a los esfuerzos de principios de los años sesenta de los artistas pop estadounidenses como Roy Lichtenstein y Andy Warhol que, a su manera, convirtieron los puntos Ben-Day del proceso de impresión de imágenes reproducidas en masa en algo idiosincrásico y único. 

Este nuevo conjunto de obras se centra en la expresión inglesa “to be at sea”, que significa literalmente navegar, o estar desconcertado, perplejo o confundido, y Billingham juega con el doble significado de esta frase y, a su vez, elige imágenes en las que abundan la duplicación y la multiplicación, para crear una sensación de desorientación. Esto se ve agravado por el recorte que realiza Billingham, de modo que junto al desenfoque de la imagen (que a menudo representa un movimiento detenido, como la figura femenina que cae sobre una barandilla en una de las obras), sólo vemos una sección parcial de la panza exagerada, o el cañón que apunta al horizonte del mar y el cielo más allá. Como escribe Linda Nochlin sobre la obra protomoderna de Henry Fuseli (un contemporáneo europeo de los artistas que tanto fascinan a Billingham), en su estudio The Body in Pieces: The Fragment as a Metaphor of Modernity: “La modernidad […] se presenta como una pérdida irrevocable, un lamento conmovedor por la totalidad perdida, una integridad desvanecida. […] A partir de esta pérdida se construye la propia modernidad. En cierto sentido, Fuseli ha construido una visión distintivamente moderna de la antigüedad como pérdida – una visión, un ‘retal’, que constituirá la esencia del modernismo representacional”. También en este sentido, la imaginería naval y marítima elegida por Billingham para estas obras evoca ahora no sólo el periodo de las guerras napoleónicas, sino también la confusión que todos sentimos al navegar en una época en la que la brújula de la verdad y la confianza se ha quebrado. 

Nicholas Cullinan, Director de la National Portrait Gallery de Londres