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  • La Chola Poblete
Madrid, España
Marrón Barroco
10 sep 2026 - 7 nov 2026
La Chola Poblete, Marrón Barroco, vista de instalación

Travesía Cuatro Madrid, España, 2026.

La Chola Poblete, Marrón Barroco, vista de instalación

Travesía Cuatro Madrid, España, 2026.

La Chola Poblete, Marrón Barroco, vista de instalación

Travesía Cuatro Madrid, España, 2026.

La Chola Poblete, Marrón Barroco, vista de instalación

Travesía Cuatro Madrid, España, 2026.

La Chola Poblete, Marrón Barroco, vista de instalación

Travesía Cuatro Madrid, España, 2026.

La Chola Poblete, Marrón Barroco, vista de instalación

Travesía Cuatro Madrid, España, 2026.

La Chola Poblete, Marrón Barroco, vista de instalación

Travesía Cuatro Madrid, España, 2026.

La Chola Poblete, Marrón Barroco, vista de instalación

Travesía Cuatro Madrid, España, 2026.

La Chola Poblete, Marrón Barroco, vista de instalación

Travesía Cuatro Madrid, España, 2026.

La Chola Poblete, Marrón Barroco, vista de instalación

Travesía Cuatro Madrid, España, 2026.

La Chola Poblete, Marrón Barroco, vista de instalación

Travesía Cuatro Madrid, España, 2026.

 “¿Qué hace que el arte, a pesar de su diversidad e interseccionalidad no tenga artistas con rasgos marrones-indígenas, pero sí existan miles de obras sobre elles? ” 

– Colectivo Identidad Marrón 

MARRÓN BARROCO es la primera muestra individual de La Chola Poblete (Guaymallén, Argentina, 1989) en España. Su título proviene de la mezcla de dos mundos disímiles. MARRÓN es una forma de enunciación política identitaria, apropiada principalmente desde Argentina como una herramienta para reivindicar las pieles y rostros de hijos de indígenas, campesinos y migrantes, que han sido históricamente invisibilizados por el mito de un país blanco cuyos habitantes llegaron en barcos a ese territorio. BARROCO refiere a un estilo artístico inscrito en la historia del arte, que por definición establece el exceso como una de sus principales características y que fue reapropiado desde Latinoamérica. 

La muestra propone un recorrido panorámico por la obra de La Chola Poblete, que incluye desde sus famosas acuarelas, pasando por registros de performance hasta materiales poco convencionales como el pan-escultura. Todo este trayecto da cuenta del proceso de transformación y mutación de Poblete durante estos años, desde sus inicios en Guaymallén, municipio ubicado en la provincia de la ciudad de Mendoza, Argentina. Su nombre proviene de la lengua huarpe y significa “tierra de ciénagas, vegas o bañados”, a los pies de la imponente cordillera de los Andes. Autorretrato con ristra de ajos (2019) es una de sus primeras piezas, pocas veces exhibida. En ella, la Chola nos interpela directamente con su cuerpo mientras lleva una ristra de ajos que se convierte en un látigo-cola. Se trata de una referencia directa a la obra Self Portrait with Whip, del fotógrafo marica Robert Mapplethorpe, y una manifestación de lo que le interesa del arte. Otro aspecto fundamental es su vínculo con Buenos Aires, ciudad donde vive y produce gran parte de su obra. Allí se instala como una figura clave en una escena en la que, históricamente, no le habían precedido cuerpos travestis. Kill your idols (2025), una de sus últimas series de fotografía, nos da cuenta de ese vínculo. Acompañada de Marta Minujin, Poblete nos lleva a momentos que han marcado la cultura popular a través de los medios de comunicación. Su cuerpo escenifica a Jacqueline Kennedy, llevándonos directamente al asesinato del presidente John F. Kennedy en 1963, representado en la figura de Marta. El auto es blanco, el policía en moto es ya un ciclista de pedidos, la ropa de La Chola ficciona un Chanel en una reversión del aguayo andino. Una escena caótica que combina su biografía, la historia del arte vanguardista argentino y la historia impuesta desde la hegemonía global que representa Estados Unidos. 

En la serie de acuarelas Quiero dormir cansada (2026) nos presenta una mezcla de referencias dispuestas como un popurrí verborreico, un imaginario multicanal de vivencias que le conforman. Son imágenes que recorren un contaminado

acervo proveniente de la cultura pop: un disco de Charly García; Wiphalas; Lionel Messi; rosas que se desangran y personajes que lloran sangre; la Virgen y el niño Jesús, Chakanas... Su cuerpo tumbado ocupa el papel y se entrelazan textos rabiosos escritos a mano: “Y los indios llegaron”; “Los psicópatas serán los hombres del siglo XXI”; “Travas insistentes y resistentes”; “Existo porque resisto”. En otros momentos se enreda con máscaras de pan, un alimento preparado debido a la introducción de un elemento al territorio americano: el trigo. Este fue tomado por muchos pueblos indígenas como un elemento central de su vida cotidiana. Las máscaras provienen también de una referencia andina, inspiradas en Tanta Wawas o guaguas de pan, las cuales son entregadas como ofrenda para recordar lo ancestral y a quienes nos antecedieron. De esta forma, la artista traviste estas materialidades y realiza un homenaje a cuerpos históricamente silenciados.

La Chola invierte el gesto, se infiltra dentro de la misma historia canónica, la contamina, ironiza e incluso traviste por medio de su cuerpo marrón que pone en cuestionamiento los impactos del legado colonial. Todo está atravesado por la forma en que se ha construido la historia, por la instalación del proyecto colonial y por su vigencia en el presente. Su muestra culmina con una producción reciente y pensada especialmente para su desembarco en Madrid. Se trata de las series Marrón Barroco y Hasta la tristeza es distinta con el sol. En ellas nos presenta pinturas en acrílico de colores vibrantes, una paleta dispuesta para no pasar desapercibida, cargada de geometrías y formas. En todas las piezas aparecen personajes que se relacionan, que se vinculan; pero no se trata una relación armónica o idílica, sino más bien de una agresión. En su última etapa, en un contexto de globalización y entendiendo también como sigue operando el sistema racial, La Chola nos propone imágenes donde un personaje como ella, con trenzas, convierte sus cabellos en un arma de lucha, como cadenas para defensa personal contra un ente que le persigue, le atormenta, le grita. Las formas de este ente remiten a construcciones estéticas similares a las provenientes del Popol Vuh, texto fundamental de la cosmovisión maya-k’iche’, que trata la concepción del mundo, su origen y debacle como también el comienzo del proceso colonial del mal llamado “encuentro de dos mundos”. Poblete captura formas de personajes que transitan entre mundos, formas de Xibalbá que no necesariamente representan el mal, sino algo que excede los modelos concebidos por occidente y el cristianismo. La Chola Poblete nos permite pensarnos, dinamitar las ideas establecidas por la historia del arte desde sus múltiples manifestaciones y formas y desde el mundo indígena. Es impura por su experiencia y se infiltra en nuevos contextos. Y aquí evidencio que somos hermanas, somos infiltradas en un sistema voraz que hemos decidido intervenir radicalmente, desde lo local a lo global, nos preguntamos si es posible que se inscriban las marronas, las travestis, las disidentes en una historia que siempre nos ha excluido. ¿Será que las travestis desde sur del mundo podremos ser ahora un canon?

— Seba Calfuqueo