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- Laia Estruch
En la tradición mitológica catalana, las aloges –mujeres del agua– son seres que habitan los umbrales del mundo físico, entre pozos, ríos y distintas masas de agua. Sus etéreos cuerpos se mecen entre las superficies reflejantes y se pierden en las corrientes cuando alguien cree haber revelado su aparición. Casi imperceptibles en forma, su presencia se advierte más como un eco provocador, una canción o un movimiento vertiginoso.
El espacio liminal en el que habitan las aloges, esa frontera temporal y líquida entre lo mítico o simbólico y lo físico o real, es el mismo que da sentido a la práctica de Laia Estruch. En su investigación performática y escultórica, la artista hace de su cuerpo un vehículo con el que vincular el mundo natural al mundo espiritual, examinando la capacidad escultural del sonido, mientras crea superficies que le permiten entender la relación con el espacio desde distintas perspectivas.
Cuerpo, voz y escultura son los tres elementos que se activan de manera irrepetible en cada performance: espacios rituales en los que Estruch toma una forma líquida, pero siempre consciente de su recorrido por el lugar. De su cuerpo deja emanar una serie de gestos que se transforman en sonido, una sustancia intangible y efímera que surge desde su tracto vocal —el espacio en el que habita un archivo a oscuras del que pueden tomarse intuitivamente ensayos de distintas voces animales, humanas, acuáticas y de todo lo que se puede nombrar—, llevando su capacidad corporal al límite para descubrir nuevos horizontes auditivos, al punto del grito o del estruendo. La artista toma la voz y la transforma en una materia plástica, intangible en el aire, pero llena de texturas y espectros de tonalidad.
En Aloges, la latencia del movimiento y la sonoridad están siempre presentes: atraviesan la galería, con distintos tonos y formas. Estruch busca capturar el paisaje sonoro que crea el viento — lo que clama el aire — en obras como Kite 5 (2025), un par de paneles textiles multicolor. Así, la voz se transforma no sólo en sonido, sino en un reclamo sobre el espacio. Desde fuera, la galería adquiere una presencia anunciante a través de la obra de la artista: uno de los dos paneles que forman Kite 5 demanda la fachada a través del color para presagiar que algo atípico sucederá dentro del espacio. El segundo panel cierra el paréntesis temporal que se crea entre las dos partes de la pieza apoderándose del patio y terminando por pintar el entorno entre sombras iridiscentes.
En el interior de la galería, la correlación entre cuerpo escultórico, cuerpo anatómico y archivo, se expande y se desahoga en otras búsquedas, ya sea en los actos performativos de Laia o en la calidad material de las lenguas monumentales de lona plástica que habitan el espacio arquitectónico con sus propios caudales: el del tiempo y el de la posibilidad. Los módulos de color con los que se configuran las lenguas acentúan su calidad material y, en algunos de estos, se revelan imágenes de la trayectoria artística de Estruch, lo que permite repensar las palabras, la lengua, el canto, el habla y la relación que construimos con la naturaleza, reconectándonos con la tradición oral y musical de los pueblos campesinos cercanos a las costas catalanas y de las Baleares.
El espacio escénico que genera esta serie de cuerpos blandos también propicia el descubrimiento de nuevas fonéticas encontradas en la relación de la escultura con el cuerpo, transformando el material dúctil en un instrumento. Sin embargo, el escenario no es solo un espacio de acción, sino de registro: las esculturas son tanto el archivo físico de la performance que allí ocurren como el archivo potencial de las acciones y reflexiones que el objeto podría, en otro tiempo, detonar.
Así, la síntesis del desplazamiento corporal de la artista, la calidad efímera de sus acciones y las esculturas físicas que yacen dentro de la galería son, como los llama Estruch, ensayos abiertos. Cada sonido que emana de su garganta o de su boca en un impulso primario, cada movimiento atípico de su cuerpo y cada intervención del espacio a través de la escultura se convierte en un incentivo para que el público se plantee los sistemas lógicos en los que habitamos.
Las aloges cantan, provocan, desaparecen. Las estructuras audibles y materiales de Laia cantan, provocan al público para entender la escucha activa y las posibilidades matéricas desde otras latitudes y, finalmente, desaparecen. Ambas parecen pertenecer a un régimen intermedio, en el que no todo es aprehensible, pero sí catalizador de reflexiones sobre cómo entender el espacio y sus límites.
– Valeria Flores López–Araiza
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La voz y el cuerpo son los elementos que vertebran la investigación de Laia Estruch (Barcelona, 1981), una práctica artística situada a caballo entre la escultura y la acción. La artista entiende la voz como una extensión del cuerpo capaz de sintetizar cuestiones relativas al lenguaje, al habla, al género o a las estructuras sociales. En su trabajo más reciente, la artista ha investigado cómo los espacios urbanos y sus estructuras físicas juegan un papel importante en la vida cotidiana. Utilizando el ‘spoken word’, la canción, los objetos y las publicaciones, sus proyectos analizan las posibilidades emotivas de la voz a cappella y el cuerpo sin teatralizar, abriendo un espacio de reflexión en relación al carácter performativo del lenguaje, la grabación sonora y su archivo oral.
Estruch es licenciada en Bellas Artes por la Universitat de Barcelona y The Cooper Union en Nueva York (2010).
Su trabajo se ha podido ver en Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, MNCARS (2025); Galería Ehrhardt Flórez, Madrid (2026, 2024, 2022, 2021); Travesía Cuatro GDL, México (2024); Tabakalera, Donostia (2024); Terrassa (2024); Triënnale Kortrijk, Bélgica (2024); MNAC, Barcelona (2024); Centro Cultural Conde Duque, Madrid (2023); Casal Solleric de Palma, Mallorca (2023); Hauser & Wirth, Menorca (2023); TEA, Tenerife (2023); MACBA, Barcelona (2023); Fundación Joan Brossa, Barcelona (2020/21); La Virreina Centre de la imatge, Barcelona (2020); Festival Grec / Creació i Museus (2020); Festival Poesia i + a Caldes d’Estrac (2020); Festival Sâlmon de Barcelona (2020); Museu de Valls, Tarragona (2019); Fundación Joan Miró, Espai13, Barcelona (2019); CentroCentro, Madrid (2019); Fundación Botín, Córdoba (2018); Museo Picasso, Barcelona (2018); CA2M, Madrid (2017); Chapelle des Beaux-Arts, Paris (2017); Antic Teatre, Barcelona (2016); Teatro Pradillo, Madrid (2016); Centro Párraga, Murcia (2016); Fundación Antoni Tàpies, Barcelona (2014); MACBA, Barcelona (2012), entre otros.
Vive y trabaja en Barcelona.












