Ciudad de Mexico, México
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Próxima Exposición
Milena Muzquiz
10 Sep 2020 - 14 Nov 2020
Guadalajara, Mexico
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Jose Dávila 'El primer fuego' & Project Room: Ana Prata 'Ofrenda'
01 Feb 2020 - 30 Aug 2020
Jose Dávila (El primer fuego) 01 Feb 2020 – 18 Apr 2020.
La soga a veces se revienta, 2020, Metal drums and ratchet strap, 174 x 89 x 159 cm.
Jose Dávila (El primer fuego) 01 Feb 2020 – 18 Apr 2020.
Toda fuerza es relativa, 2020, Rock, straps, and pulley, 344.8 x 118 x 103 cm.
Jose Dávila (El primer fuego) 01 Feb 2020 – 18 Apr 2020.
Untitled, 2020, Boulder, wire, and bronze, 344.8 x 55.5 x 92 cm, Ed. 3 + 1 AP.
Jose Dávila (El primer fuego) 01 Feb 2020 – 18 Apr 2020.
El primer fuego, 2020, Metal beams, metal tray, and wood, Variable dimensions.
Jose Dávila (El primer fuego) 01 Feb 2020 – 18 Apr 2020.
Utopía cero, 2020, Coal and metal cabinet, 190 x 120 x 90 cm.
Jose Dávila (El primer fuego) 01 Feb 2020 – 18 Apr 2020.
Untitled, 2020, Concrete, marble, acrylic sheets, rocks, boulders, metal, plaster, and glass spheres, Installation view.
Jose Dávila (El primer fuego) 01 Feb 2020 – 18 Apr 2020.
Untitled, 2020, Concrete, cardboard, and glass sphere, 154 x 43.7 x 28.5 cm.
Jose Dávila (El primer fuego) 01 Feb 2020 – 18 Apr 2020.
Untitled, 2020, Concrete, 127 x 34.5 x 29 cm.
Jose Dávila (El primer fuego) 01 Feb 2020 – 18 Apr 2020.
Untitled, 2020, Concrete, 104.5 x 41 x 39.7 cm.
Jose Dávila (El primer fuego) 01 Feb 2020 – 18 Apr 2020.
Untitled, 2020, Concrete, plaster, metal, boulders, cardboard, and glass sphere, 145 x 78.2 x 82 cm.
Jose Dávila (El primer fuego) 01 Feb 2020 – 18 Apr 2020.
Untitled, 2020, Concrete and clay, 87 x 70 x 70 cm.
Jose Dávila (El primer fuego) 01 Feb 2020 – 18 Apr 2020.
Untitled, 2020, Concrete, plaster, and wood, 123 x 53.5 x 50 cm.
Jose Dávila (El primer fuego) 01 Feb 2020 – 18 Apr 2020.
Untitled, 2020, Concrete and boulders, 66 x 44 x 39 cm.
Jose Dávila (El primer fuego) 01 Feb 2020 – 18 Apr 2020.
Untitled, 2020, Metal, 50 x 50 x 50 cm.
Jose Dávila (El primer fuego) 01 Feb 2020 – 18 Apr 2020.
Untitled, 2020, Concrete and enameled bricks, 120 x 44 x 44 cm.
Ana Prata (Ofrenda) 01 Feb 2020 – 18 Apr 2020.
Installation view.
Ana Prata (Ofrenda) 01 Feb 2020 – 18 Apr 2020.
Installation view.
Ana Prata (Ofrenda) 01 Feb 2020 – 18 Apr 2020.
Installation view.
Ana Prata (Ofrenda) 01 Feb 2020 – 18 Apr 2020.
Installation view.
Ana Prata (Ofrenda) 01 Feb 2020 – 18 Apr 2020.
Installation view.
Ana Prata (Ofrenda) 01 Feb 2020 – 18 Apr 2020.
Ana Prata, Teatro, 2020, Oil on canvas, 24 x 30 cm.
Ana Prata (Ofrenda) 01 Feb 2020 – 18 Apr 2020.
Ana Prata, Big small, 2020, Oil on canvas, 24 x 30 cm.
Ana Prata (Ofrenda) 01 Feb 2020 – 18 Apr 2020.
Ana Prata, Barco egípcio, 2019, Oil on canvas, 24x 30 cm.
Ana Prata (Ofrenda) 01 Feb 2020 – 18 Apr 2020.
Ana Prata, Tapetinho, 2019, Oil and ballpoint pen ink on canvas, 24 x 30 cm.
Ana Prata (Ofrenda) 01 Feb 2020 – 18 Apr 2020.
Ana Prata, Ofrenda, 2019, Oil on canvas, 24 x 30 cm.
Ana Prata (Ofrenda) 01 Feb 2020 – 18 Apr 2020.
Ana Prata, Galáxia I, 2019, Oil on fabric, 30 x 24 cm.
Ana Prata (Ofrenda) 01 Feb 2020 – 18 Apr 2020.
Installation view.
Ana Prata (Ofrenda) 01 Feb 2020 – 18 Apr 2020.
Ana Prata, Galáxia II, 2020, Oil and acrylic on fabric, 40 x 30 cm.
Ana Prata (Ofrenda) 01 Feb 2020 – 18 Apr 2020.
Installation view.
Ana Prata (Ofrenda) 01 Feb 2020 – 18 Apr 2020.
Installation view.

El primer fuego

Jose Dávila

El primer fuegoes una exposición que replica el ecosistema matérico y relacional que se ha gestado en el estudio de Jose Dávila a lo largo de años de producción constante y continua. Aprovechando la proximidad geográfica del estudio y el espacio expositivo, la galería se ha convertido en un espacio de trabajo y opera a manera de espejo de los procesos que anteceden a la consolidación del trabajo escultórico de Dávila.

La exposición presenta los diferentes momentos que ocurren desde la selección del material en crudo hasta la concretización del objeto escultórico, resaltando la importancia de la interrelación de los objetos que es canalizada por el artista para generar sistemas estructurales de dependencia. Esta dependencia se caracteriza por el préstamo y el intercambio de propiedades entre materiales contrastantes para asegurar un cierto grado de balance y permanencia. La creación de estos circuitos híbridos refiere a una comprensión cíclica de la transformación de la materia, un vaivén entre la auto-preservación y la desintegración.

La obra central de la exposición representa un retorno a una obra temprana de Dávila exhibida en 1999 en el Museo de las Artes de Guadalajara. La recreación de esta obra consiste en una hoguera que es encendida intermitentemente dentro del espacio de la galería, rodeada por madera acumulada que espera a ser utilizada a manera de combustible. La charola de metal que funciona como plataforma para activar la hoguera, se presenta a sí misma como un espacio liminal en el cual la materia asume un proceso de transformación. El gesto mínimo de Dávila presenta al fuego como un símbolo autosuficiente que hace referencia al origen y a lo primitivo, una energía potenciadora que puede reconfigurar la realidad de las cosas y en ocasiones develar dinámicas internas de los objetos que permanecían ocultas.

A manera de preámbulo, la fogata es antecedida por un par de esculturas que funcionan como contrapesos reflejados. Una roca en crudo es sostenida con una polea desde el techo y se ve enfrentada por una manzana de bronce suspendida en el aire. Estos elementos forman parte del vocabulario escultórico recurrente en la obra de Dávila; la manzana simboliza un recordatorio reconocible de las consecuencias de la fuerza de gravedad. Estas formas compositivas son replicadas en la siguiente sala donde unos contenedores industriales de líquidos se encuentran fijados a muro. Esta secuencia de obras genera un ritmo tangible que sugiere la prevalencia de un cierto orden. Los cinchos industriales, los cables y las cadenas que Dávila utiliza para conectar un objeto con otro son formas de mediación que producen un itinerario estructural. Estas trayectorias reconfiguran la experiencia espacial del espectador pues introducen la tensión como un elemento activo que afecta el desplazamiento de los visitantes y también dialoga con la disposición arquitectónica del espacio, modificando y fracturando las dinámicas que normalmente surgirían en la galería.

La intuición de un cierto orden es interrumpida bruscamente por la acumulación caótica de materiales en crudo en una de las salas próximas. Volúmenes de concreto, rocas, losas de mármol, placas de acrílico, trozos de cantera y otros objetos de construcción ocupan la habitación casi en su totalidad. Esta instalación es un vistazo a los materiales que normalmente circulan por el estudio y a la ética de trabajo de Dávila que se caracteriza por intuir los diferentes modos de relación que pueden existir entre esta gran diversidad de objetos. El hecho de que muchos de estos materiales son utilizados comúnmente para la construcción implica la sugerencia de ciertas relaciones prácticas. Dávila no reduce las interacciones de los objetos que utiliza a este campo, sino que se inclina por una resonancia poética que pueda otorgar autonomía a los materiales. La coexistencia de estos cuerpos líticos y objetos industriales en el estudio es aquello que permite el surgimiento de estas posibles conexiones que se caracterizan por ser más orgánicas en lugar de ser forzadas desde una concepción preestablecida de lo escultórico. La circulación de estas presencias matéricas a través de los diferentes edificios que conforman el estudio culmina con una obra que muestra un librero inclinado sobre una acumulación de carbón. La relación entre ambos objetos surge como algo principalmente cromático, agregando una dimensión pictórica al objeto escultórico, pero también resalta la configuración cíclica de la exposición en su totalidad: el círculo que se desdobla sobre sí mismo hacia el infinito, variando intermitentemente entre el mundo de lo humano y la configuración original de las materias primas inalteradas.

 

 

Ofrenda

Ana Prata 

Ofrenda es como la artista brasileña Ana Prata  ha titulado su exposición en la sede tapatía de Travesía Cuatro. Ha convertido el Project Room de la galería en un pequeño templo, en el que un grupo de pinturas sobre lienzo se disponen alrededor de un mural hecho para depositar las ofrendas.

Para la artista la pintura puede ser comprendida como la materialización de un deseo, así como una ofrenda, que es siempre un sentimiento materializado en un objeto.Sus obsequios son bodegones de frutas, cuencos y bandejas que aparecen recortados en el paisaje. Un paisaje interior que apenas se intuye pues no figura como recurso de veracidad o contexto sino que nos enfrenta a un diálogo lírico y simbólico con lo doméstico.

Estas obras se relacionan con el repertorio modernista de una manera que no es ni reverencial, ni nostálgica, la artista se adentra en ese mundo como si fuera una arqueóloga, tomando prestados jeroglíficos para distorsionarlos y asimilarlos en la conversación sobre la pintura contemporánea. Entre sus referencias se encuentran los artistas brasileños Tarsila do Amaral, por su colorido y modernidad formal, así como Eleonore Koch y Alfredo Volpi, de quienes ha asumido una estructura espacial aparentemente estática, incluso medio vacía, pero que incorpora transparencias que otorgan un efecto atmosférico y solar.  El resultado son imágenes con una óptica dinámica, un trabajo que flirtea con lo decorativo y gráfico. Con colores brillantes y opuestos, cuya belleza, en apariencia simple, esconde una complejidad que respira frescura, libertad y humor.

 

 

 

Madrid, Spain
Madrid, Spain
Próxima Exposición: Ritual de lo habitual
Ana Prata
10 Sep 2020 - 05 Nov 2020

Ana Prata

Ritual de lo habitual

 

En medio de la incertidumbre y el pesimismo del momento actual, la artista brasileña Ana Prata (Sete Lagoas, Minas Gerais, 1980) presenta ante el público una ofrenda, un universo alegre, celebrativo y bienhumorado, pero que no deja de ser enigmático, ambiguo y, en ocasiones, desconcertante.

Sin seguir los pasos de la mayoría de su generación, Ana decidió ser pintora. Formada en gran parte al margen de la facultad de artes plásticas que frecuentó, desarrolla su lenguaje en estrecho diálogo con otros pintores y pintoras coetáneos y de la generación anterior, que despuntó en Brasil en los años 80 dando énfasis a la gestualidad y a la investigación de nuevos materiales en el campo de la pintura, y contraponiéndose a la naturaleza de la producción predominante en los años 60 y 70 —más conceptual, reivindicativa e interesada por experimentar con nuevos medios.

Ana no justifica su pintura y el hecho de pintar a través de grandes narrativas o discursos comprometidos, lo que de nuevo es una actitud poco habitual en los tiempos que corren. Su trabajo es despojado y espontáneo. La artista transita de manera fluida y relajada por referencias múltiples, a primera vista dispares. La cultura visual del tiempo de su adolescencia, vivida en una banda de rock y en el mundo del skate, contamina y se mezcla libremente con la historia oficial del arte, con la fascinación por la pintura rupestre y por las civilizaciones antiguas, y por la iconografía llamada popular.

El título de su primera individual en Madrid es también el nombre del segundo álbum de la banda de rock estadounidense Jane’s Addiction, lanzado en 1990. Además de rememorar el pasado —y el presente— musical de la artista, Ritual de lo habitual llama la atención y rinde homenaje al ambiente doméstico que todos hemos vivido tan intensamente y dotado de renovada significación en los últimos meses. El título también sugiere un modo ritualizado de encarar la vida. Si muchos de los ritos y cultos del pasado han desaparecido, Ana reivindica la posibilidad de celebrar lo cotidiano y de vivir el día a día como un ritual, es decir, evitando las costumbres automáticas y anteponiendo los cuidados.

Tous les jours fête sur votre table anunciaba la artista portuguesa Lourdes Castro en su Livro de Cozinha (1961), quizá en una mezcla de ironía y celebración. Casi sesenta años después, las naturalezas muertas de Ana invitan también a una fiesta o banquete de los sentidos. Elaboradas sin recurso a arreglos reales ni fotografías, sus composiciones nacen de la imaginación de la artista y se construyen en el proceso pictórico, que no deja de ser, en sí, además de un ejercicio material, un hacer mental, espiritual y ritualístico. A partir de gestos rápidos y de superposiciones de tintas, surgen formas simples y esquemáticas que recuerdan a grafías infantiles.

Los dibujos, realizados con gouache sobre papel, son ambiguos y escapan a lecturas unívocas. Con colores cálidos, fluorescentes o metalizados, configuran un vocabulario reducido de signos, ceñidos por un borde redondeado. Dentro de este límite, que podría ser el canto de una mesa, el marco de un espejo o el óvalo de un rostro, los diferentes elementos se repiten y articulan sugiriendo múltiples posibilidades: una mesa con vasijas, naranjas y plátanos; dos ojos, una nariz y una boca; una máscara de lucha mexicana; una lámina escolar con el esquema de una célula; un monstruo de dibujo animado, etc. La disonancia entre planos, objetos y puntos de vista da a las distintas composiciones un aire cubista. Este aspecto fragmentado y un tanto fantástico queda reforzado por el hecho de que Ana aproxima universos distantes y evita así localizar sus escenas en un espacio-tiempo preciso: la alquimia convive con la tradición amerindia; cosméticos del mundo egipcio, aceites, perfumes y ungüentos guardados en preciosos botes de translúcido alabastro se confunden con los objetos dispuestos en un tocador rococó o con el estuche de maquillaje del pasado carnaval.

Las pinturas al óleo, compuestas por espesas capas de pigmento, constituyen, todavía más, cuernos de la abundancia. Son verdaderos altares paganos cuyos límites se definen por los bastidores que dan cuerpo a la tela. Las relaciones entre figura y fondo se vuelven más complejas y las fronteras más difusas. Patrones geométricos, pintados o previamente estampados en los tejidos, sugieren un mantel de picnic, una vidriera, una mesa de los años 50, la trama de un cesto o muchas cerezas en un bote. En la oscuridad del receptáculo que es la propia pintura, existe un mundo de objetos —que, a su vez, contienen otros objetos— con diferentes escalas, historias y texturas. Un mundo que no puede ser descifrado de manera completa con el sentido de la vista y que invita a otras formas de percepción.

Las naturalezas muertas a menudo producen viajes en el tiempo y, si pensamos en las vanitas barrocas, frecuentemente serán interpretadas como meditaciones sobre la fugacidad temporal y la finitud de la vida. Sin embargo, a lo largo de la historia el género ha admitido temperaturas de color y estados de ánimo bastante distintos: basta pensar en lo que va de Zurbarán a Caravaggio, de Claesz a Gris, de Chardin a Cézanne o de Morandi a Matisse. Hasta donde sabemos, han sido pocas las mujeres que en los pasados siglos se aventuraron por estos terrenos: Josefa de Óbidos o Clara Peeters en el siglo XVII, Anna Maria Punz en el XVIII, María Blanchard a comienzos del XX, y quizá algunas más. Curiosamente, este es un género que nos transporta a lo que hay de más cotidiano y hasta banal, y por eso mismo nos aproxima a las costumbres de nuestros antepasados remotos.

En los pocos fragmentos de paredes que han quedado de las villas romanas encontramos, posiblemente, las primeras naturalezas muertas conservadas. Compuestas de alimentos, animales y vegetales, y objetos utilizados en banquetes o para la conservación de la comida —como platos, vasijas, cubiertos y vasos—, a veces también incluían máscaras, dinero, instrumentos para sacrificios, el juego o la escritura. Ironía del destino —conectando con el trabajo de Ana—, muchas de aquellas pinturas murales del siglo primero antes de Cristo, alegres y celebrativas, a la vez que mágicas, irradiaban sobre las salas de comer y otros espacios domésticos lo que los romanos llamaban xénias, dones que los anfitriones ofrecían a sus huéspedes en señal de hospitalidad.

Isabella Lenzi

Septiembre, 2020

 

Ana Prata (1980, Sete Lagoas, Minas Gerais, Brasil) se graduó en Artes Visuales por la Universidad de São Paulo (USP).

La artista participó en la 33 Bienal de São Paulo – Affective Affinities (2018). También ha presentado exposiciones individuales en Travesía Cuatro (Guadalajara, México, 2020), Auroras (São Paulo, 2019), Galería Isla Flotante (Buenos Aires, 2019); Mário de Andrade Municipal Library (São Paulo, 2018); Millan Gallery (São Paulo, 2014 y 2017); Pippy Houldsworth Gallery (London, 2016); Instituto Tomie Ohtake (São Paulo, 2012); Centro Cultural São Paulo (2009), entre otras.
Sus próximas exposiciones incluyen: Gato Preto en el Centro Cultural SESC Pompéia en São Paulo (2021) y Tobias Mueller Gallery en Zürich (2021).

Ha participado en exposiciones colectivas en instituciones como el Museo de Arte Contemporáneo de São Paulo; Caixa Cultural (Río de Janeiro, 2017); Beijing Minsheng Art Museum (Beijing, 2017), Instituto Figueiredo Ferraz (Ribeirão Preto, 2015); SESC_Videobrasil (São Paulo, 2011 y 2013); Instituto Tomie Ohtake (São Paulo, 2011 y 2018); Instituto Moreira Salles (Rio de Janeiro, 2013).

Estuvo nominada al premio PIPA en Brasil en 2017, 2018, 2019 y 2020. En 2011, fue artista residente en la Red Bull Art House de São Paulo y en Unlimited residence, Nueva York en 2016.

La artista vive y trabaja en São Paulo, Brasil.